viernes, 25 de enero de 2013

Capítulo 4º: La audición


¡


Una llamada al móvil! Esto es todo un acontecimiento, sobre todo porque suena la melodía de llamada normal. Bueno, digo esto porque tengo una melodía para cuando llaman mis padres o mi hermana y otra para el resto.
Es mi prima, Rut. La verdad, no tengo ni la más remota idea de por qué me ha llamado, vamos a ver que quiere…
-¡Primoooooooo!
-¡Primaaaaaaaaaaaa! ¿A qué debo el honor de recibir esta llamada?
-Jajajaja. Nada, solo para decirte que este sábado vamos mis padres, mi hermano y yo a la Parcela, para que os animéis vosotros también. –La Parcela es uno de los lugares más maravillosos de mi infancia. Es el chalet de mis abuelos. Se construyo hace unos 30 años, y tiene alrededor un terreno en el que hay multitud de árboles, cada uno de un miembro de la familia. El mío es un olivo, y tengo que decir que da muchas aceitunas. Allí aprendí a montar en bici, allí aprendí a mover un coche (de verdad)… Lo cierto es que en la Parcela he cortado el césped con varias máquinas, en ocasiones arreglándolas yo mismo; he podado y arrancado árboles, he instalado surtidores de agua para el riego, he pintado paredes, he cavado hoyos, he partido troncos con un hacha… La verdad es que creo que no acabaría nunca, porque en la Parcela he hecho de todo.
-Hombre, pues haré un hueco en mi agenda e iré –digo en tono burlón- aunque igual me surge algo de última hora. Jejejeje.
-Anda, no te hagas el interesante. ¿Por qué no aprovechas y vendes dulces para el viaje de fin de curso? –Me acaba de dar la razón perfecta para ir. Aún no he conseguido ni 50 € para el viaje de fin de curso, y tengo en casa tres cajas llenas de polvorones, bombones y todos los dulces de Navidad que uno se pueda imaginar.
-Hecho prima. Voy.
          La verdad es que me apetece ir, hace mucho que no me doy una vuelta en bici y subo las temibles cuestas de las calles de la urbanización. Son subidas que sin exagerar alcanzan un 30 %, y una vuelta entera a la urbanización puede suponer casi 30 minutos a ritmo de infarto. Sin embargo, el ciclismo es un deporte agónico, y yo lo vivo así.
          Esta tarde es la audición, me juego el curso en ella, y creo que estoy bien preparado. Apenas como, tengo la cabeza ocupada, recordando cada ligadura, cada nota, cada crescendo, cada recuperación de arco… Creo que me acuerdo de todo, pero habrá que ver que pasa en el momento de la verdad.
          Si os soy sincero, no tengo ninguna duda de que en la audición de hoy, toque como toque, me van a poner a pear de un burro, como dice mi abuelo. Para un músico profesional solo hay una persona en el mundo que toca bien. Como habréis adivinado es él mismo. E intentar hacer frente a este enorme ego se vuelve muy complicado, cuando lo que busca es que seas el menos malo, no el mejor.
          Pienso esto mientras voy sentado en el metro, mordiéndome las uñas por primera vez en mi vida. Jugárselo todo a una carta no mola.
          Y aquí estoy, voy a empezar a tocar la Sonata IV de Haëndel, concretamente el 2º movimiento. 3, 2, 1, allá voy…
          La primera nota suena igual que la corneta que despierta a los militares en las películas, pero no puedo pararme. Vaya por Dios, me acabo de comer un diminuendo.  Vamos con la primera parte difícil… ¡Bien! ¡Salió!
Atención, lo más complicado de todo: variolaje. Ánimo, Álvaro. Vas muy bien.
          Cagada. No se donde, pero me he equivocado. He visto de reojo a uno de los miembros del tribunal echarse las manos a la cabeza al escuchar algo.
Creo que no voy a aguantar, mejor parar, ¿para qué seguir? No puedo permitir que me echen el trabajo por tierra, no podría soportarlo…
          Pero, ¿que está pasando? Todo se está llenando de una especie de neblina blanca. Estoy empezando la frase de Detaché, momento de relativo relax…

No me lo puedo creer, ¡estás ahí, has venido! Entras sigilosamente por la puerta y te colocas detrás del tribunal. Saco valor de donde no me queda y le echo aún más ganas, lo doy todo. Noto tu mirada. El arco parece flotar sobre las cuerdas, la obra pasa a ser un susurro precioso, el canto de una sirena. Toco para ti, solo para ti. Me acerco al final, pero creo que no pararía de tocar nunca. Me sonríes. Acabo la obra. Te sonrío…

No hay comentarios:

Publicar un comentario