viernes, 25 de enero de 2013

Capítulo 8: Desde fuera


H


ola a todos. Soy Irene Ballester. Esta tarde debería haber quedado con mis amigos, que han ido a celebrar la beca que le han dado a Álvaro, pero he tenido que ir al hospital, porque a mi novio le ha dado un “chungo” en “la patata”. Está bien, no le pasa nada. Hace un cuarto de hora que oí el mensaje que dejó Álvaro en el contestador, y cinco minutos desde que he oído una impactante noticia en la televisión:
“Un grupo terrorista ha avisado de la colocación de una bomba y del corte de suministro eléctrico en la red de Metro de Madrid. Hay un tren que ha quedado inmovilizado entre las estaciones de Conde de Casal y Sainz de Baranda, línea 6 del Metro. Aún no se ha podido establecer comunicación con ninguno de sus ocupantes, debido al corte de electricidad, y a que desde la banda terrorista se asegura que si alguien intenta acercarse a ese tren, harán explotar la bomba. Actualmente se desconoce la ubicación del explosivo, aunque la policía baraja varias ubicaciones…”
Dicen que las mujeres tenemos un sexto sentido. Pues bien, algo me dice que el idiota de Álvaro ha propuesto a la gente ir en Metro a algún sitio y están en ese tren. Ninguno responde al móvil. Están “apagados o fuera de cobertura” según la señora de Movistar. Ahora estoy segura de que están ahí. No puedo quedarme de brazos cruzados, tengo que sacarlos. Pero, ¿yo? ¿Yo que puedo hacer? Nada, no me escucharán siquiera… Dios mío, ¿y si…? Claro, es la única opción. Ójala no esté también en el tren… Óscar es la única opción…
          La verdad es que no se si lo que hago tiene algún sentido, pero durante un segundo, han pasado por mi cabeza millones de pensamientos, y lo único que se me ocurre hacer es pedir ayuda al mejor informático que conozco: Óscar. Si, tal vez sea una tontería, pero no pierdo nada por probar. Juraría que un día le pedí su móvil. A ver… ¡si, aquí está!
-¿Diga?
-¡¿Óscar?! Oye, no hay tiempo, todos los de clase están atrapados en un tren, mira las noticias. Se me ha ocurrido que tal vez tú puedas hacer algo… ¡Por favor!
-Eh, un segundo. Quieres que entre en la página de control de la electricidad de metro, y restablezca el suministro eléctrico después de haber localizado la bomba y haberla desactivado a distancia, ¿no es así?
-Bueno, más o menos.- Que chico este, no se como piensa hacer eso, pero si lo consigue, recibirá un premio Nobel o algo de eso.
-Pero, tututututu… ¿tú eres subnormal? ¿Te crees que eso es tan fácil?
-No tengo ni idea de cómo piensas hacerlo, pero confío en ti…
-Que no, que no insistas más. En cinco minutos acabo.- Dice mientras se ríe. Como si le acabara de contar un chiste, este chico…
-Pero, ¿estamos tontos? ¿Lo vas a hacer o no?
-A ver, Irene, que ya se donde está la bomba. Déjate de tontunas y vente a mi casa.
-Voy para allá.- Definitivamente este chico es increíble. En apenas medio minuto ha encontrado la bomba que buscan los agentes especiales de la policía. Yo no se si me estará tomando el pelo…
Sin saber lo que hago, agarro las llaves de casa y salgo corriendo como alma que lleva el diablo. A la media hora, estoy a su lado viéndole teclear millones de teclas por segundo. Anda, llama al 112 para que nos echen una mano. Si no te creen me avisas.
-Operadora, ¿dígame?
-Ehh, hola. Llamo porque sé donde está la bomba esa.
-¿Cómo? ¿Puede repetir lo que ha dicho?- UHF, lo veo complicado…
-Digo que sé donde está colocada la bomba. Bueno, yo no, lo sabe un amigo mío que es un genio informático…
-Niña, espero que esto no sea una broma. Te paso con el jefe de operaciones.
-De acuerdo. Dese prisa, le juro que es verdad.
-Irene, trae el teléfono –dice Óscar- que voy a ponerlo en manos libres.
-¿Diga? ¿Con quién hablo?
-Hola, buenas. Soy Óscar y aquí está mi amiga Irene. Señor, sé donde está la bomba y como desactivarla.
-Chico, siento de veras no poder creerte.
-Me imaginaba que diría eso. Compruebe su ordenador. –Sí. Definitivamente Óscar estaba como una cabra. ¡Se había colado en los ordenadores de la policía!
-No se como lo has hecho, ni saber donde está la bomba ni meterte en mi ordenador. Pero eso ahora me da igual. En cinco minutos llegarán los técnicos a tu casa. ¡No hagas nada!- Entonces, con una mirada de aprobación hace ademán de contarme cómo lo ha conseguido.
-Ni lo intentes, no voy a entender nada, así que ahórrate los comentarios e intenta hablar con alguien del tren. Seguro que sabes cómo…
-Jajajaja. Sí, claro que sé. Anda, vete a abrir que si no me van a tirar la puerta abajo…
          Vaya tardecita, entre lo de mi novio y esto, no gano para sustos. Al minuto de abrir la puerta comienzo a oír miles de sirenas, cada vez más cerca, y a los dos minutos la casa está llena de tipos con armas para matar elefantes. Como puedo, llego hasta Óscar, que en ese momento habla con el que parece el jefe de todo esto. Dice éste:
-De acuerdo, tienes permiso oficial para intentar desactivar la bomba.
-Muy bien –clica dos o tres veces en el ordenador…- Ya está.
          En efecto, en la pantalla del ordenador puede verse una cuenta atrás de una bomba retenida en 4 horas 36 minutos 22 segundos.

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