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ola a todos. Soy
Irene Ballester. Esta tarde debería haber quedado con mis amigos, que han ido a
celebrar la beca que le han dado a Álvaro, pero he tenido que ir al hospital,
porque a mi novio le ha dado un “chungo” en “la patata”. Está bien, no le pasa
nada. Hace un cuarto de hora que oí el mensaje que dejó Álvaro en el
contestador, y cinco minutos desde que he oído una impactante noticia en la
televisión:
“Un
grupo terrorista ha avisado de la colocación de una bomba y del corte de
suministro eléctrico en la red de Metro de Madrid. Hay un tren que ha quedado inmovilizado
entre las estaciones de Conde de Casal y Sainz de Baranda, línea 6 del Metro.
Aún no se ha podido establecer comunicación con ninguno de sus ocupantes,
debido al corte de electricidad, y a que desde la banda terrorista se asegura
que si alguien intenta acercarse a ese tren, harán explotar la bomba.
Actualmente se desconoce la ubicación del explosivo, aunque la policía baraja
varias ubicaciones…”
Dicen
que las mujeres tenemos un sexto sentido. Pues bien, algo me dice que el idiota
de Álvaro ha propuesto a la gente ir en Metro a algún sitio y están en ese tren.
Ninguno responde al móvil. Están “apagados o fuera de cobertura” según la
señora de Movistar. Ahora estoy segura de que están ahí. No puedo quedarme de
brazos cruzados, tengo que sacarlos. Pero, ¿yo? ¿Yo que puedo hacer? Nada, no
me escucharán siquiera… Dios mío, ¿y si…? Claro, es la única opción. Ójala no
esté también en el tren… Óscar es la única opción…
La verdad es que no se si lo que hago
tiene algún sentido, pero durante un segundo, han pasado por mi cabeza millones
de pensamientos, y lo único que se me ocurre hacer es pedir ayuda al mejor
informático que conozco: Óscar. Si, tal vez sea una tontería, pero no pierdo
nada por probar. Juraría que un día le pedí su móvil. A ver… ¡si, aquí está!
-¿Diga?
-¡¿Óscar?! Oye, no
hay tiempo, todos los de clase están atrapados en un tren, mira las noticias.
Se me ha ocurrido que tal vez tú puedas hacer algo… ¡Por favor!
-Eh, un segundo.
Quieres que entre en la página de control de la electricidad de metro, y
restablezca el suministro eléctrico después de haber localizado la bomba y
haberla desactivado a distancia, ¿no es así?
-Bueno, más o
menos.- Que chico este, no se como piensa hacer eso, pero si lo consigue,
recibirá un premio Nobel o algo de eso.
-Pero, tututututu…
¿tú eres subnormal? ¿Te crees que eso es tan fácil?
-No tengo ni idea
de cómo piensas hacerlo, pero confío en ti…
-Que no, que no
insistas más. En cinco minutos acabo.- Dice mientras se ríe. Como si le acabara
de contar un chiste, este chico…
-Pero, ¿estamos
tontos? ¿Lo vas a hacer o no?
-A ver, Irene, que
ya se donde está la bomba. Déjate de tontunas y vente a mi casa.
-Voy para allá.-
Definitivamente este chico es increíble. En apenas medio minuto ha encontrado
la bomba que buscan los agentes especiales de la policía. Yo no se si me estará
tomando el pelo…
Sin saber lo que
hago, agarro las llaves de casa y salgo corriendo como alma que lleva el
diablo. A la media hora, estoy a su lado viéndole teclear millones de teclas
por segundo. Anda, llama al 112 para que nos echen una mano. Si no te creen me
avisas.
-Operadora, ¿dígame?
-Ehh, hola. Llamo
porque sé donde está la bomba esa.
-¿Cómo? ¿Puede
repetir lo que ha dicho?- UHF, lo veo complicado…
-Digo que sé donde
está colocada la bomba. Bueno, yo no, lo sabe un amigo mío que es un genio
informático…
-Niña, espero que
esto no sea una broma. Te paso con el jefe de operaciones.
-De acuerdo. Dese
prisa, le juro que es verdad.
-Irene, trae el
teléfono –dice Óscar- que voy a ponerlo en manos libres.
-¿Diga? ¿Con quién
hablo?
-Hola, buenas. Soy
Óscar y aquí está mi amiga Irene. Señor, sé donde está la bomba y como
desactivarla.
-Chico, siento de
veras no poder creerte.
-Me imaginaba que
diría eso. Compruebe su ordenador. –Sí. Definitivamente Óscar estaba como una
cabra. ¡Se había colado en los ordenadores de la policía!
-No se como lo has
hecho, ni saber donde está la bomba ni meterte en mi ordenador. Pero eso ahora
me da igual. En cinco minutos llegarán los técnicos a tu casa. ¡No hagas nada!-
Entonces, con una mirada de aprobación hace ademán de contarme cómo lo ha
conseguido.
-Ni lo intentes,
no voy a entender nada, así que ahórrate los comentarios e intenta hablar con
alguien del tren. Seguro que sabes cómo…
-Jajajaja. Sí,
claro que sé. Anda, vete a abrir que si no me van a tirar la puerta abajo…
Vaya tardecita, entre lo de mi novio y
esto, no gano para sustos. Al minuto de abrir la puerta comienzo a oír miles de
sirenas, cada vez más cerca, y a los dos minutos la casa está llena de tipos
con armas para matar elefantes. Como puedo, llego hasta Óscar, que en ese
momento habla con el que parece el jefe de todo esto. Dice éste:
-De acuerdo,
tienes permiso oficial para intentar desactivar la bomba.
-Muy bien –clica
dos o tres veces en el ordenador…- Ya está.
En efecto, en la pantalla del
ordenador puede verse una cuenta atrás de una bomba retenida en 4 horas 36
minutos 22 segundos.
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