viernes, 25 de enero de 2013

Capítulo 5: Actuación sublime


A


cabo de terminar de tocar la obra y cuando el piano da el último acorde comienzo a temblar esperando la reacción del tribunal. Silencio incómodo. De repente, uno de los miembros del tribunal comienza a aplaudir. Si definitivamente creo que estoy soñando. No me lo puedo creer, otras dos personas comienzan a aplaudir. Al final, todo el salón de audición se suma a una larga ovación que me hace llorar.
          Como dije antes, para un profesional de la música la única persona que sabe tocar bien un instrumento es ella, así que me siento ahora mismo como un rey, capaz de hacer aplaudir a un profesor de música de conservatorio. Poco a poco, tras unos tres minutos de vítores, el público y el tribunal comienza a cuchichear. Alguien pide silencio. El director del conservatorio, situado en el centro de la mesa del jurado, se levanta.
- Por su bellísima interpretación de la Sonata IV de Haëndel, el alumno Álvaro García ha recibido la máxima calificación que este tribunal puede otorgar. ¡Mención honorífica! Esto significa que el alumno recibirá una beca para continuar sus estudios musicales en el extranjero. ¡Un fuerte aplauso para él! –de nuevo ovación. Creo que esto no puede ser real. Yo, Álvaro García Herrero, un chico de 15 años, desconocido por todos, invisible para algunos, consiguiendo lo que nadie antes había logrado… Esto es demasiado, llevo una semana de continuo ajetreo, no puedo asimilar lo que me está pasando. Será mejor volver a casa, contarlo todo, intentar descansar. Pufff…
          Una hora después estoy tumbado en mi cama, repasando esta semana infernal con un jueves tan feliz.

Y curiosamente tú eres la responsable de este final de semana tan perfecto, a ti te debo mi gran actuación, porque tú entraste ahí y me diste fuerzas para hacerlo, para continuar, para no rendirme. ¡Y si eso no lo ha conseguido el amor, que alguien me diga qué lo ha conseguido!

Sin querer, mecánicamente, me pongo el pijama, me meto en la cama y me quedo dormido. A la mañana siguiente pienso que el mundo se ha aliado conmigo. Cuando suena el despertador, el cual ignoro completamente dado mi estado, la puerta se abre. Mi madre se acerca, y me dice las palabras que todo niño quiere oír por las mañanas.
-Hijo, acaban de decir por la tele que ha muerto Fraga y que se han suspendido las clases. –entended que no deseo la muerte de nadie, pero necesitaba un día de descanso con urgencia. Cuatro horas después me despierto con energías renovadas. Tras un copioso desayuno, y una charla con mi madre, interesada en saber con todo detalle lo que me pasó ayer en la audición, llamo por teléfono a Jesús.

La verdad es que nadie sabe que tú eres tan importante para mí, es un secreto entre mí y yo. Suena un poco raro, lo sé, pero los secretos también son individuales.

- ¡Jesús! Tío, no te lo vas a creer, ¡me han puesto una mención honorífica por la actuación y me van a dar una beca!
- Joder, Álvaro, no me cansaré de repetírtelo, tío, eres un máquina. ¡Felicidades! ¿Te apetece quedar un rato?
- Pues claro, voy a avisar a toda la peña. Nos vemos a las cuatro en la boca de metro. Hasta ahora. –Esta llamada se repitió unas veinte veces. Llamé a todos aquellos que son importantes para mí. Creo que las cosas importantes las deben saber todos los que para ti son importantes. Llamé a las Irenes, a mi familia entera, a Iván, a las Cristinas (si también hay dos), a Carlos, a Guillermo, a Alba, a Jovanny, a Denis… creo que no acabaría, así que prefiero utilizar los puntos suspensivos. Ahí estáis todos vosotros, porque sois importantes para mí solo por el hecho de leer este relato. Después de comer, arreglarme y preparar la mochila para mañana (recuerdo a los lectores que iré a pasar el día a la Parcela), salgo de casa y me dirijo a la boca del metro de la Elipa, lugar de encuentro de nuestras quedadas.

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