M
|
AE, sexta y última
hora. Intento estudiar pero me resulta imposible. Pese a ser aún miércoles, estamos
ante la semana más dura de mi vida. Me presento un poco: soy Álvaro, un
estudiante de 15 años, 4º ESO. Mi vida no tiene nada que no tenga la de
cualquier chico de mi edad… excepto por el hecho de que jamás he tenido novia. Tampoco
es que le dé mucha importancia… Prefiero volver a la realidad, que no se
presenta muy divertida precisamente.
La
situación actual podría abreviarse como semana de locos; 4 exámenes en el día
de hoy, 3 en lo que llevamos de semana y 5 en lo que queda. Me río por no
llorar cuando mis compañeros se quejan de que no tienen tiempo para estudiar,
que si tal, que si cual… Lo cierto es que además de los exámenes del instituto,
tengo esta semana una audición en el Conservatorio Superior de Música de Madrid
ante un tribunal, para una posible beca. Caigo en la cuenta de que en mi
pequeña presentación no mencioné que toco el violín, el piano y estoy empezando
con la batería. En cualquier caso, dado que el estudio en tales condiciones
parece misión imposible, echo un vistazo a la clase, a mi clase.
A
primera vista, parece una clase como otro cualquiera, con sus mesas de madera
barnizadas en verde, sillas también color esperanza, una pizarra llena de
palabras que vistas por alguien ajeno a la clase no tendrían ningún sentido, un
rebaño de adolescentes repartido por las mencionadas mesas y el profesor, en
este caso profesora.
Lo
primero que llama mi atención es la charla entre Cristina y Josellyn, al fondo
de la clase. Parecen hablar de algo gracioso dado que no paran de emitir
risueños chillidos que causan un desagradable dolor a mis oídos. Aunque bien
pensado, posiblemente marujeen sobre la última noticia que Radio Patio haya
emitido. Al otro lado de la clase, es decir, a mi lado, está sentado Iván. A su
lado, como no, Jesús. Ambos son chicos conflictivos. El uno intratable, el otro
macarra, son la pareja perfecta para hacer el gamberro, tarea que realizan como
aquel que va a comprar el pan, a diario.
Nuestra
aula es la 2.7, que como en una ocasión tuve que explicar a nuestro profesor de
lengua, recibe ese nombre por estar situada en la segunda planta, y ser la
séptima aula, aunque nunca entenderé por donde empezaron a contar cuando las
numeraron… Somos alumnos de la optativa B, letras. Tenemos como principales
asignaturas obligatorias Historia, Latín, Lengua y Literatura, Matemáticas
(fáciles o difíciles), Inglés y otras muchas optativas o menos importantes.
Carlos
se levanta de su silla, donde permanecía en una posición muy propicia para
quedarse dormido. Luces apagadas, persianas bajadas… un poco de música
tranquila y esto dejaría de ser una clase de instituto para convertirse en una
hora de siesta.
- ¡Eso habrá que
verlo! –Iván discute sobre el partido de fútbol de esta noche, seguro.
-¡Me apuesto el
bocadillo de mañana! -Comienza el
fantasmeo, que acabará como siempre, mal…
-Hecho, que sea de
jamón serrano. ¡Pero mira que apostar por el que juega fuera de casa, tú estás
fatal! –Y se armó… Jesús se levanta e intenta propinar un fenomenal puñetazo a
su colega, que logra esquivar. La respuesta no tarda en llegar: un gancho
certero de Iván que impacta en el mentón de nuestro macarra. En un momento de
tregua entre la “discusión”, Carlos y Guillermo logran sujetarlos ante la
perspectiva de una pelea en toda regla. La profesora se acerca chillando:
-¿¡Pero ustedes
donde se creen que están!? ¡Esto no es un ring de combate! ¡Ahora mismo bajan a
Jefatura de Estudios con una amonestación! ¡Álvaro, baja con ellos! –Quien me
mandaría a mí ser delegado, ahora me toca acompañar a estos dos burros abajo,
donde alguien les dirá que deben ser niños buenos, que se den la mano y esas
tonterías. El enfado a ellos ya se les ha pasado, como siempre, y se defienden
uno a otro ante la profesora, que anda fuera de sí, mientras rellena las
correspondientes amonestaciones.
Las plegarias de los dos compañeros no
dan resultado, me los llevo a Jefatura de Estudios, orden de la profesora. Por el
camino, ambos hablan de fútbol de nuevo, aunque en esta ocasión ambos coinciden
en el ganador de un partido de mañana, que jugarán dos equipos de la liga
alemana, deduzco por los nombres.
Tras dejar a esos
elementos en Jefatura vuelvo a mi apasionante tarea de aburrirme en clase. Nada
más entrar me fijo en Óscar. Anda como siempre, obnubilado, pensando, y a cada
rato escribiendo. Solo yo sé que es lo que hace. Óscar dedica todo su tiempo a
programar, a intentar entrar en los sistemas de seguridad de internet más
sofisticados, a crear los antivirus más potentes…
Veo a Alba pasando las hojas del libro
de matemáticas. Me levanto, me acerco, y la asusto.
-¡Ahhhh! ¡Me has
asustado, tonto! –Me dice cariñosamente. Aprovecho para meterme con ella.
-¿Qué andas estudiando?
¿El número que va después del dos? ¡Jajajajaja! –Alba y yo nos llevamos muy
bien, pero me encanta chincharla porque ella da las matemáticas fáciles, y yo
las difíciles. La diferencia entre ambas, aunque no debería serlo, es abismal.
Un alumno de 2º da a estas alturas de curso
operaciones más
difíciles que las que dan ellos en su clase.
-No empieces –me
regaña- que tampoco son tan fáciles.
Me río de buena
gana y vuelvo a mi sitio. En primera fila, está sentado Guillermo, que antes
había separado a los dos macarras. Hojea el 20 minutos, el periódico más
popular de la clase, aunque sea para leer el horóscopo. Guillermo y yo somos
muy amigos. Aunque nos conocimos este año ambos tenemos unas ideas sobre la
sociedad, la política y sobre otras facetas de la vida cotidiana muy parecidas,
lo que ayudó mucho a hacer de nosotros dos tíos casi inseparables. Un gran
amigo, sin duda.
Por fin suena el
timbre, menos mal, pensé que nunca iba a salir de aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario